Ante el aluvión de peticiones de mis queridos subscriptores, y como al igual que el
"Dioni" yo tampoco sé decir que no, aquí dejo unas líneas resumiendo el pasar de los abriles que cuento:
Como cualquier miembro de la generación
Naranjito a la que pertenezco, me crié en los fatídicos primeros años 80's, entre las exageradas
hombreras de los yuppies y los oléicos abanicos de
Locomia.
Mientras el que firma degustaba potitos con la avidez con la que hoy ingiere por este orden rock y ron, los playmobil intentaban en vano doblar sus codos para así con las manos taparse los ojos para no ver como
Miguel Bosé cantaba a Don Diablo, PacMan (antepasado de
Pocholo) devoraba michubichis escapando de fantasmas (véase gorilas de discoteca), o Bonzo Bonham dejaba claro que la vida basada en el carbono no es compatible con 40 copazos de vodka.
Ante esta perspectiva, y teniendo en cuenta que prefiero olvidar todo aquello por lo que acarreo
traumas, pasaremos directamente a uno de mis primeros recuerdos, la caída del
muro de Berlín:
Corría el año 1989 cuando el pequeño Hugo decidió sentarse ante la televisión, ya que estaban dando una especie de bricomanía a lo alemán, pero sin cagarse encima unos a otros. De repente unos melenudos vestidos de traje empezaban a hacer
mucho ruido, aunque en absoluto resultaba molesto. Esa melodía caló tan hondo en mí, que no pude olvidarlo hasta que por mera casualidad años después escuché en la radio Wish you were here de Pink Floyd y comprendí que ya nunca podría escapar del influjo del rock and roll.
Los noventa marcaron mi despertar al mundo mientras unos chicos desaliñados de
Seattle competían con unos Héroes de Zaragoza por apoderarse de mi radiok7 en las tardes de verano, más o menos a la vez que las chicas dejaron de ser un incordio y pasaron a ser algo tan preciado como ese vinilo de
Led Zeppelin que descubrí en un olvidado arcón de mi desván.
Llegó el instituto y con él los primeros compañeros de cigarro a medias en el baño de las chicas, mientras trapicheabamos cintas de los maiden, extremoduro, los suaves o metallica. Recuerdo con cariño aquel primer concierto en Lugo, donde mi padre, haciendo gala de unos principios revolucionarios heredados de su época hippie (a la par que de unos güevos del tamaño del capitolio), decidió acercarnos a mí y a un amigo a degustar con los oídos a Los enemigos y a Rosendo, mezclándonos por
primera vez en una amalgama de sudados amantes del rock que ya nunca abandonaríamos.
Con el cambio de siglo, llegó también el momento de abandonar el hogar familiar para buscar dos cosas principalmente: A nosotros mismos y la verdad universal debajo de alguna
falda.
Cuando tienes edad para ingresar en prisión te crees inmortal, y como tal desafías las leyes, incluso las de la física cada fin de semana, ¿que ostias sabe
Newton de whiskey?. Hoy por hoy e de decir que ya me he convencido de que en el fondo de los vasos no existen verdades absolutas, aunque también e de decir que solo en contadas ocasiones si aparecen botones que ponen "guardar como...", y en efecto, detienen selectos momentos en tu memoria para siempre.
Bueno, prometo continuar si dejáis al menos 10 comentarios, ok?